Circuitos por Chile
Sumario
Chile se extiende como una franja estrecha y alargada a lo largo de más de 4.300 kilómetros por la costa occidental de Sudamérica, ofreciendo una diversidad geográfica y climática que pocos países en el mundo pueden igualar. Desde el desierto más árido del planeta en el norte hasta los glaciares milenarios de la Patagonia en el sur, pasando por valles fértiles donde prosperan viñedos de fama mundial, este territorio alberga contrastes naturales que fascinan a los viajeros más experimentados.
Los circuitos organizados por Chile permiten explorar un país donde la cordillera de los Andes actúa como columna vertebral, creando microclimas únicos que van desde la subtropical Isla de Pascua hasta las extensiones heladas de la Antártica chilena. La riqueza cultural mapuche, la herencia colonial española y la influencia europea posterior han forjado una identidad nacional distintiva que se refleja en su gastronomía, arquitectura y tradiciones artesanales. Los mejores circuitos de Voyage Privé incluyen itinerarios que aprovechan esta extraordinaria variedad para ofrecer experiencias inmersivas en algunos de los paisajes más espectaculares del hemisferio sur.
Los circuitos más hermosos de Chile con Voyage Privé
1. Circuito por libre de 10 a 15 noches: Diversidad de Chile con extensión opcional a la Isla de Pascua

Esta experiencia de viaje independiente permite explorar Chile a ritmo personal, combinando la vibrante Santiago con los paisajes extraterrestres del desierto de Atacama y la naturaleza salvaje de la Patagonia. El circuito comienza en la capital chilena, donde los viajeros pueden sumergirse en la cultura urbana antes de volar hacia San Pedro de Atacama para descubrir el Valle de la Luna y los impresionantes géiseres del Tatio. La aventura continúa en Puerto Natales, puerta de entrada al legendario Parque Nacional Torres del Paine.
Los itinerarios incluyen excursiones guiadas a los lugares más emblemáticos, como la navegación entre los glaciares Balmaceda y Serrano, donde los icebergs flotantes crean un espectáculo natural incomparable. Las lagunas altiplánicas de Miscanti y Miñiques revelan ecosistemas únicos poblados por flamencos rosados, mientras que el Salar de Atacama despliega sus extensiones salinas bajo cielos de pureza cristalina. Cada destino ofrece actividades opcionales que permiten personalizar la experiencia según las preferencias individuales.
La extensión opcional a la Isla de Pascua añade una dimensión cultural fascinante al viaje. Los misteriosos moáis de Rano Raraku, la playa paradisíaca de Anakena y los sitios ceremoniales de Orongo transportan a los visitantes a un mundo ancestral único en medio del Pacífico. Esta isla remota, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, conserva intactas las tradiciones polinesias y ofrece paisajes volcánicos de belleza sobrecogedora.
Lo que nos encanta: La flexibilidad total del circuito que combina destinos emblemáticos con tiempo libre para descubrimientos personales, incluyendo conectividad móvil gratuita y la posibilidad de extender la aventura hacia la enigmática Isla de Pascua.
2. Circuito privado: Fascinante Chile en 9 noches

Este programa privado de nueve noches condensa la esencia chilena en un itinerario perfectamente equilibrado entre naturaleza, cultura y aventura. Santiago sirve como punto de partida para explorar Valparaíso, la joya portuaria del país, donde los ascensores centenarios y las casas de colores crean un ambiente bohemio único frente al Pacífico. La ciudad puerto seduce con su arte callejero y su arquitectura ecléctica, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El desierto de Atacama revela sus secretos más preciados durante las jornadas en San Pedro, donde el Valle de la Luna ofrece paisajes lunares esculpidos por milenios de erosión. Las lagunas Miscanti y Miñiques, enclavadas en el altiplano, albergan una fauna andina excepcional, mientras el Salar de Atacama despliega sus formaciones salinas bajo la inmensidad del cielo atacameño. Las excursiones opcionales incluyen los géiseres del Tatio al amanecer y las relajantes termas de Puritama.
La Isla de Pascua constituye el gran final de esta aventura, transportando a los viajeros hacia un universo cultural completamente diferente. Los yacimientos arqueológicos de Ahu Vaihu y la cantera de Rano Raraku narran la historia fascinante de la civilización rapanui, mientras que la playa de Anakena ofrece momentos de relajación entre palmeras y moáis restaurados. Los sitios ceremoniales de Orongo y Tahai completan esta inmersión en una cultura única del Pacífico Sur.
Lo que nos encanta: El formato privado que garantiza un servicio personalizado con guías especializados, combinando los paisajes más espectaculares de Chile continental con la magia cultural de la Isla de Pascua en una duración ideal de nueve noches.
3. Circuito Privado Esenciales de Chile

El programa Esenciales de Chile despliega durante once noches un recorrido integral que abarca desde la cosmopolita Santiago hasta los rincones más remotos de la Patagonia y el desierto de Atacama. La aventura comienza explorando Valparaíso, donde la vida portuaria se mezcla con el arte urbano en un ambiente único frente al océano Pacífico. Los ascensores históricos y los miradores panorámicos ofrecen perspectivas inolvidables sobre esta ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad.
La Patagonia chilena revela sus tesoros naturales más espectaculares durante las jornadas en Puerto Natales. El Parque Nacional Torres del Paine despliega sus paisajes monumentales con las famosas torres de granito, los lagos turquesa y la fauna andina en estado salvaje. La navegación hacia los glaciares Balmaceda y Serrano constituye uno de los momentos culminantes, donde los visitantes pueden contemplar los hielos milenarios desde perspectivas privilegiadas mientras observan la vida silvestre patagónica.
San Pedro de Atacama transporta a los viajeros hacia universos completamente diferentes, donde los géiseres del Tatio ofrecen espectáculos geotérmicos únicos al amanecer. El Valle de la Luna y el Valle del Arcoíris crean paisajes de colores imposibles, mientras que las lagunas altiplánicas albergan ecosistemas únicos poblados por flamencos andinos. Las excursiones incluyen tanto los sitios más emblemáticos como rincones secretos del desierto más árido del planeta.
Lo que nos encanta: La completitud excepcional del itinerario que combina Patagonia, desierto de Atacama y costa del Pacífico en un solo viaje, con servicios privados que garantizan flexibilidad y confort durante toda la experiencia.
4. Circuito privado: Descubriendo Chile en 9 o 13 noches

Esta propuesta versátil ofrece dos modalidades de descubrimiento según las preferencias y disponibilidad de tiempo de cada viajero. El circuito básico de nueve noches concentra lo esencial de Chile en un recorrido que incluye Santiago, Valparaíso, el desierto de Atacama y la Isla de Pascua. La extensión de trece noches enriquece la experiencia con una preextensión patagónica que permite explorar el Parque Nacional Torres del Paine y navegar entre glaciares milenarios.
Santiago y Valparaíso revelan el contraste entre la modernidad urbana y el encanto portuario histórico. El centro histórico de Santiago testimonia siglos de historia chilena, mientras que Valparaíso seduce con sus colinas bohemias y su arte callejero único. El pintoresco puerto pesquero de Quintay añade una dimensión auténtica al descubrimiento de la costa del Pacífico, donde los visitantes pueden apreciar la vida marítima tradicional.
Las excursiones en el desierto de Atacama incluyen experiencias únicas como el Valle de la Luna al atardecer, las lagunas Miscanti y Miñiques con sus flamencos andinos, y el imponente Salar de Atacama. Las actividades opcionales permiten personalizar la aventura con los géiseres del Tatio al amanecer o las termas relajantes de Puritama. La Isla de Pascua completa esta inmersión cultural con sus yacimientos arqueológicos únicos y sus tradiciones polinesias preservadas.
Lo que nos encanta: La modulabilidad del programa que permite elegir entre nueve o trece noches según las preferencias, combinando siempre servicio privado de calidad superior con guías especializados de habla hispana y una excelente puntuación de satisfacción cliente de 8,8/10.
Santiago y la región metropolitana: Puerta de entrada a la diversidad chilena
Santiago, capital chilena enclavada en el valle central, combina modernidad urbana con vistas panorámicas hacia la cordillera de los Andes que la rodea majestuosamente. Esta metrópoli de más de seis millones de habitantes conserva testimonios de su pasado colonial en barrios como Lastarria y Bellavista, donde casas republicanas coexisten con galerías de arte contemporáneo, restaurantes gourmet y mercados tradicionales que ofrecen productos típicos como el merkén mapuche.
Los cerros San Cristóbal y Santa Lucía proporcionan miradores privilegiados sobre la extensión urbana y las cumbres andinas, especialmente espectaculares durante los atardeceres cuando la luz dorada baña los edificios del centro financiero. El Palacio de La Moneda, sede del Gobierno chileno, y la Plaza de Armas concentran la actividad política y cultural, mientras que el mercado central seduce con mariscos frescos del Pacífico y empanadas recién horneadas.
Las excursiones desde Santiago incluyen el puerto histórico de Valparaíso, declarado Patrimonio de la Humanidad por sus coloridas casas que se escalonan por colinas empinadas conectadas mediante funiculares centenarios. Esta ciudad bohemia, que inspiró a poetas como Pablo Neruda, conserva murales callejeros que narran la historia social chilena y cafés donde resonaron las tertulias de intelectuales latinoamericanos durante todo el siglo XX.

Desierto de Atacama: Laboratorio natural bajo cielos estrellados
El desierto de Atacama, situado en el norte de Chile, ostenta el récord mundial de aridez con zonas donde no ha llovido durante siglos, creando paisajes marcianos que sirven de laboratorio natural para la investigación espacial. Este territorio inhóspito alberga, paradójicamente, oasis de vida donde flamencos rosados se alimentan en lagunas salinas de colores irreales y géiseres emergen de la tierra liberando vapor a más de 4.000 metros de altitud.
San Pedro de Atacama actúa como centro neurálgico para explorar maravillas naturales como el Valle de la Luna, donde formaciones rocosas esculpidas por el viento y la erosión adoptan formas fantasmagóricas bajo la luz cambiante del día. Los géiseres del Tatio, situados a 4.320 metros sobre el nivel del mar, ofrecen espectáculos matutinos cuando el vapor emerge sincronizado con los primeros rayos solares.
Las noches atacameñas revelan cielos despejados que permiten observaciones astronómicas sin contaminación lumínica, convirtiendo el desierto en uno de los mejores observatorios naturales del hemisferio sur. Los pueblos altiplánicos como Machuca conservan tradiciones ancestrales donde la ganadería de llamas y alpacas continúa siendo el sustento de comunidades que han adaptado su vida a la extrema altitud y aridez del entorno.
Lagos y volcanes de la región de la Araucanía
La región de la Araucanía despliega paisajes lacustres dominados por volcanes activos donde bosques de araucarias milenarias, árboles sagrados para el pueblo mapuche, crean catedrales naturales de una belleza sobrecogedora. Esta zona, considerada la Suiza chilena por sus lagos cristalinos y montañas cubiertas de nieve, combina aventura al aire libre con inmersión en la cultura mapuche más auténtica.
Pucón, situada a orillas del lago Villarrica y bajo la sombra del volcán homónimo, representa el paraíso de los deportes de aventura, donde rafting, kayak, escalada y senderismo aprovechan un entorno natural privilegiado. Las aguas termales naturales brotan de la tierra volcánica, ofreciendo relajación después de jornadas activas explorando senderos que atraviesan bosques templados únicos en Sudamérica.
Los parques nacionales Huerquehue y Conguillío protegen ecosistemas donde coigües, ñires y lengas forman bosques que cambian de color según las estaciones, creando alfombras doradas durante el otoño austral. Las comunidades mapuches abren sus rukas (viviendas tradicionales) para compartir ceremonias ancestrales, gastronomía autóctona y conocimientos sobre plantas medicinales transmitidos oralmente durante generaciones.
Patagonia chilena: Confín del mundo entre glaciares y fiordos
La Patagonia chilena extiende sus territorios salvajes desde Puerto Montt hasta el cabo de Hornos, ofreciendo paisajes donde glaciares milenarios descienden desde los campos de hielo hacia fiordos profundos surcados por ballenas jorobadas y orcas. Esta región, apenas poblada pero de una riqueza natural extraordinaria, conserva ecosistemas prístinos donde la naturaleza reina sin intervención humana significativa.
Torres del Paine, icono patagónico reconocido mundialmente, eleva sus agujas graníticas hacia cielos cambiantes donde cóndores andinos planean aprovechando corrientes térmicas ascendentes. El parque nacional homónimo protege estepas donde guanacos pastan libremente mientras pumas, felinos más grandes de Chile, cazan siguiendo instintos ancestrales en un ecosistema que funciona según ritmos naturales inalterados.
Los glaciares Perito Moreno, O'Higgins y Grey ofrecen espectáculos sonoros cuando bloques de hielo se desprenden, cayendo al agua con estruendos que resuenan entre montañas circundantes. Las navegaciones por fiordos patagónicos permiten observar témpanos flotantes de colores azul intenso mientras albatros y petreles acompañan las embarcaciones durante travesías que revelan la inmensidad de territorios donde el silencio solo se rompe por sonidos naturales.

Valles vinícolas: Tradición enológica entre los Andes y el Pacífico
Los valles del Maipo, Casablanca, Colchagua y Maule han forjado la reputación internacional de los vinos chilenos, aprovechando climas mediterráneos únicos donde la influencia oceánica del Pacífico modera las temperaturas mientras los Andes aportan amplitudes térmicas ideales para la maduración de uvas nobles. Estas regiones vinícolas combinan tradición centenaria con tecnología moderna para producir caldos que compiten con los mejores del mundo.
Las bodegas familiares abren sus puertas para degustaciones que incluyen maridajes con quesos artesanales, jamones curados y aceites de oliva extra virgen producidos localmente. Los viñedos se extienden hasta las faldas andinas, creando paisajes geométricos donde hileras de vides contrastan con la vegetación natural de espinos y quillayes que caracteriza la flora mediterránea chilena.
Las vendimias manuales durante marzo y abril (otoño austral) permiten participar en tradiciones que combinan trabajo agrícola con celebraciones comunitarias donde cuecas tradicionales acompañan degustaciones al aire libre. Los tours incluyen visitas a bodegas subterráneas excavadas en roca donde barricas de roble francés y americano albergan vinos que envejecen lentamente, desarrollando complejidades organolépticas excepcionales.
Isla de Pascua: Misterio arqueológico en medio del Pacífico
Rapa Nui, nombre rapanui de la Isla de Pascua, emerge solitaria en el Pacífico Sur a 3.700 kilómetros de la costa chilena continental, guardando secretos arqueológicos que fascinan a investigadores de todo el mundo. Los moáis, estatuas monolíticas talladas en toba volcánica, vigilan horizontes oceánicos infinitos mientras susurran enigmas sobre la civilización polinésica que los creó entre los siglos X y XVI.
El parque nacional Rapa Nui protege más de 1.000 estatuas distribuidas por la isla, donde el ahu Tongariki exhibe 15 moáis restaurados que forman una alineación espectacular, especialmente durante amaneceres, cuando siluetas oscuras se recortan contra cielos rosados. La cantera del Rano Raraku alberga cientos de cabezas emergiendo del suelo como testimonios mudos de una cultura que desarrolló técnicas escultóricas sofisticadas sin herramientas metálicas.
La cultura rapanui contemporánea preserva tradiciones ancestrales mediante danzas, tatuajes y el idioma nativo que convive con el español chileno. El festival Tapati celebra anualmente competiciones tradicionales como el triatlón del hombre pájaro, donde participantes recrean rituales que conectaban a los isleños con divinidades oceánicas en ceremonias que determinaban liderazgos políticos y espirituales.
Costa del Pacífico: Encuentro entre océano y desierto
El litoral chileno se extiende a lo largo de 6.435 kilómetros donde corrientes oceánicas frías del Pacífico chocan contra costas rocosas, playas doradas y acantilados vertiginosos que albergan colonias de leones marinos, pingüinos de Humboldt y pelícanos. Esta diversidad costera ofrece experiencias que van desde surf en olas perfectas hasta observación de ballenas durante migraciones estacionales.
Viña del Mar combina elegancia balnearia con jardines botánicos donde especies subtropicales prosperan gracias al microclima oceánico. El casino, los festivales musicales y la arquitectura art déco crean una atmósfera cosmopolita que contrasta con pueblos pesqueros tradicionales como Caleta Portales, donde pescadores artesanales descargan capturas frescas que abastecen mercados locales con mariscos del Pacífico Sur.
Las rutas costeras revelan formaciones rocosas esculpidas por el oleaje, como La Portada en Antofagasta, arco natural que constituye símbolo regional, y los acantilados de Constitución, donde bosques nativos descienden hasta playas de arena negra volcánica. Los santuarios naturales protegen ecosistemas marinos donde nutrias marinas, chungunos y gaviotines encuentran refugio entre roqueríos que sirven de apostaderos durante épocas reproductivas.
Gastronomía chilena: Fusión de tierra y mar
La cocina chilena refleja la diversidad geográfica del país, fusionando productos del Pacífico con ingredientes andinos y tradiciones mapuches que han enriquecido el recetario nacional durante siglos. Los mariscos frescos como erizos, machas, locos y centollas se combinan con carnes patagónicas, quínoa altiplánica y frutas de valles centrales, creando una gastronomía única que valora productos locales de calidad excepcional.
La empanada de pino constituye el plato nacional por excelencia, masa horneada rellena de carne, cebolla, huevo duro y aceitunas que acompaña celebraciones patrias y reuniones familiares. El curanto, especialmente popular en Chiloé, combina mariscos, carnes y papas cocidos en hoyos excavados en la tierra usando piedras calientes según técnicas ancestrales que preservan sabores y texturas únicas.
Los vinos chilenos han conquistado mercados internacionales gracias a varietales como Carmenère, cepa rescatada de la extinción que encontró en suelos chilenos condiciones ideales para expresar características organolépticas distintivas. Las cenas maridaje incluyen especialidades regionales como cordero magallánico, salmón austral, merluza austral y centolla patagónica, acompañados por vinos que reflejan terroirs específicos de cada valle vinícola.
Chile demuestra que un solo país puede albergar múltiples mundos, donde cada región ofrece paisajes, culturas y experiencias completamente diferentes. Este territorio de contrastes extremos, que se extiende desde desiertos absolutos hasta glaciares eternos, pasando por valles fértiles y costas salvajes, proporciona aventuras que satisfacen a viajeros en busca de naturaleza prístina, cultura auténtica y gastronomía excepcional en uno de los destinos más diversos y sorprendentes de Sudamérica.